Iba por el segundo capítulo… Murakami me tenía absorbida, Sumire seguía en su lucha por convertirse en escritora… Mi café con leche, recién servido por aquel amable camarero, humeaba y su olor me llegaba envolviéndome en un ambiente plácido. De repente, unos recién llegados, tanto a la mesa de al lado como al mundo laboral, comienzan una conversación. Un tono de voz suave y de baja intensidad que no debería perturbar mi concentración, pero los párrafos cada vez se me…