Hay quienes dicen que no existe y que es una mera invención de algunos. Otros aseguran que es cierto, que lo han visto con la cabeza agachada cruzando las calles, o sentado a la mesa de restaurantes manejando el teclado con un dedo; incluso hay quien asegura que ha interactuado con él a través del ciberespacio.

Lo cierto es que desde hace años se produce un fenómeno en todos los dispositivos móviles del planeta. Las personas no se conocen pero son “amigos”, o se detestan pero se “megustean” a diario. Hay quienes siguen a otros y hacen cosas extrañas como dar RT y FAV… El fin del mundo está cerca…

Otros, en cambio, capturan imágenes de su día a día y las muestran a modo de trofeos. Según afirman los testigos, existe una tendencia de fotografiar todo aquello que los individuos se llevan a la boca. Es decir, lo comestible. O por lo menos lo que parece serlo, que una cosa es la pinta y otra distinta el sabor o los ingredientes de dudosa procedencia. Tal magnitud ha adquirido esta manía que los camareros del mundo viven en un constante tormento al no saber si los cortados son para tomar, para llevar o para Instagram.

Sí señores, hablo de un mundo apasionante donde, aparentemente, acabaremos todos porque, no lo vamos a negar, somos exhibicionistas, voyeurs, nos falta cariño ajeno o tenemos tanto amor que queremos darlo a espuertas.

Y ya que este es un espacio donde convergen todos los espíritus libres, inquietos y ansiosos de información (contrastada, errónea, sensacionalista y demás, según criterio del demandante) qué menos que contar con unas pequeñas recomendaciones de comportamiento básico para que esta experiencia nos resulte una grata maniobra de navegación.

1. Somos personas. No trata con una máquina. Compórtese. Utilice los mismos estándares de comportamiento que utiliza en el día a día.

2. Sea empático. Practiquemos este hermoso deporte consistente en ponernos en el lugar de la otra persona con la que interactuamos. Nos ayudará a comprender. Cuando nos supere la situación, repita una y otra vez “soy un junco hueco, soy un junco hueco, soy…”. Cuando se haya calmado, podemos volver a la red.

2. No abuse de su poder. Si usted es de esos que tiene mil millones de followers en Twitter, no se meta con alguien que tiene 100. Solo será el matón del patio de colegio que va por ahí robándole la merienda al chinijo.

3. Evite las faltas de ortografía. Escribir todo en mayúsculas se consideran gritos y deMás eStA desir q escrivir asín diFicUlTa la TaReA. 

4. Muestre su lado bueno mientras esté en línea. Porque no hay necesidad de ser desagradable de forma permanente, esto solo le ha ido bien al doctor House y a Mejide.

5. Respete la privacidad de terceras personas. No todos quieren estar expuestos a la opinión púbica, enseñar a sus hijos o ver su foto en biquini pululando por ahí.

Con estas pequeñas recomendaciones, igual el fin del mundo nos pilla riendo.

Publicado en la revista Más Mujer el sábado 7 de noviembre de 2015.

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